¿Qué sería de la televisión colombiana sin la tinta y el papel de Fernando Gaitán, Bernardo Romero Pereiro, Dago García, Martha Bossio o Julio Jiménez? Por mencionar tan sólo algunos que tuvieron el talento de dar vida a personajes e historias de telenovelas como "Betty la fea", "Momposina", "Pedro el escamoso" y "Café con aroma de mujer".
Éxitos como los anteriores han posicionado a Colombia como uno de los productores de telenovelas más importantes del continente y ha generado que la industria de la telenovela en el país continúe su ascenso. Para responder a las necesidades de producción los libretistas han tenido que adaptar no sólo puño y letra sino también su proceso de trabajo.
Frente a esta situación el libretista Dago García comenta: "Creo que el volumen de producción hizo que se diera un salto del libretista como autor, al concepto de taller creativo en donde se unen talentos, esfuerzo y tiempo para responder a lo que pide la industria." Para Dago este cambio ha influenciado también en la calidad del producto: "esto ha hecho que las telenovelas pierdan carácter, consistencia y coherencia." Afirma el libretista.
Muchos son los retos a los que se enfrentan los libretistas a la hora de escribir. Entre ellos tener en cuenta las exigencias que surgen del mercado o complacer a determinados grupos objetivos que le interesan al canal. Sin dejar de lado el tema de la adaptación de historias, que resulta infortunado para algunos como Fernán Rivera que lo ve como: "una mecánica del mercado mundial al que es difícil evadir.”
García y Rivera, coinciden en que las historias colombianas son propias e inconfundibles. Un elemento como el humor, irónicamente incluido en una sociedad masacrada por la violencia, se ha convertido en un rasgo característico de la pluma y técnica colombiana, que aún presionadas por los ritmos de producción actuales, reflejan un estilo propio y bien logrado.







