Su arma principal no es la belleza. Por lo menos, no la belleza que una mujer ofrece apenas se presenta. Es necesario adentrarse en la mirada de sus ojos negros, en la figura que se torna más voluptuosa al caminar, en las piernas que conservan el encanto de sus tiempos de bailarina, en la sonrisa franca y en ese gesto tan vivaz que la distingue.
A pesar de que le gustaría ser un poco más alta e incluso tener alguna talla de menos, su particular manera de crear los personajes, de ser sexy, de mostrar lo suyo, ha hecho que la consideren "la villana más buena de las telenovelas". Un adjetivo que funciona en dos sentidos: buena por lo deseable y por la excelente interpretación de las malvadas.
Catherine Siachoque, a quien muchos recuerdan por sus apasionados besos con Nata
sha Klauss en "La venganza", se inició en el ámbito artístico con algo mucho menos polémico pero igualmente sugestivo. Durante cinco años, entre 1987 y 1992, paseó su elegancia y su figura grácil en diversas giras nacionales e internacionales con la Compañía Colombiana de Ballet.
Por esa misma época, deseosa de ampliar la frontera de sus opciones como artista, optó por incursionar en comedias musicales. Encontró que la danza y la actuación eran un "matrimonio" perfecto, así que empezó a figurar en obras de gran aceptación como "Sugar" (1990), "La jaula de las locas" (1992) y "La invencible Molly Brown" (1993). En 1995 fue coprotagonista de "La casita del placer" y "Peter Pan".
Como si fuera poco, entra pisando duro como protagonista de telenovelas. Con sus papeles en "Sobrevivir" y "La sombra del deseo" gana en 1996 los premios "TV y Novelas" e "India Catalina", con los cuales se le reconoce como la actriz revelación. Las ofertas y los contratos parecen caer del cielo. Trabaja con éxito en "Hechizo" y en "Higuita: sangre, sudor y lágrimas".
A esas alturas de su carrera se había puesto y quitado muchos trajes. En su piel guardaba la memoria de mujeres a las que tal vez nunca olvidará del todo. Había besado, llorado, reído, amado. Y entonces llegó a su vida la inolvidable Juana Caridad. El personaje que la llevaría de una vez por todas a la cúspide.
Con su papel en "Las Juanas" (1998-1999), Catherine Siachoque ganaría su segundo India Catalina en el Festival de Cine de Cartagena, el Sol de Oro en México y los premios Estrella, Águila y Mara de Venezuela. Al finalizar el siglo XX su nombre estaba ya en "las grandes ligas" del melodrama en América.
Su historia personal y profesional traspasa entonces las fronteras. Novelas como "La sombra del arco iris", "La guerra de las Rosas", "Amantes del desierto", "La venganza", "Te voy a enseñar a querer", "Tierra de pasiones" y "Decisiones" catapultan su nombre a nivel internacional. A su vez, Venezuela, Colombia, México, Europa y Estados Unidos son testigos del sólido amor por su esposo, el actor Miguel Varoni. Es una mujer cada vez más cosmopolita y una artista cada día más madura.
Con trece años de carrera en su maleta de viaje, en los cuales ha dado brillo a su propio nombre y al de sus villanas, a quienes adora, Catherine Siachoque sigue actuando con la misma pasión de sus inicios, pero con la sabiduría que le han dado tantas horas al frente de las cámaras.
Ahora es de nuevo la villana que se encarga de atormentar con su astucia y su espíritu ruin a la protagonista en la producción internacional "Pecados ajenos". Y es también Hilda en la nueva versión de "Sin tetas no hay paraíso", esa conmovedora inmersión en los oscuros recodos de la prostitución, motivo de más de una polémica no exenta de tintes moralistas.
Hoy, el nombre de Catherine Siachoque es tan fundamental en la historia del melodrama como lo son las villanas que interpreta. Sin ellas, las telenovelas serían menos ricas en matices.
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